miércoles, 22 de febrero de 2017

Smoothie de avena, naranja y plátano

Cuando os hablé de los copos de avena os prometí que hablaría más detalladamente sobre los smoothies en otra entrada. Pues bien, han pasado tres años y aquí estamos, hablando -por fin- de estos batidos. Más vale tarde que nunca. Lo bueno es que hemos podido comprobar que aquella moda no era flor de un día, sino que tres años después siguen estando de plena actualidad.

La receta que os traigo hoy es una receta muy básica sobre la que podréis hacer variaciones y adaptarla a vuestros gustos o necesidades. Se trata de un smoothie de naranja y plátano con copos de avena cuyo sabor (que no textura) me recuerda a la clásica mezcla de naranja, plátano y galletas que seguro que a muchos os dieron de pequeños.


Pero... ¡un momento! ¿qué son los smoothies? Pues son batidos de frutas y/o verduras con una textura más densa de lo que sería un batido tradicional. Su propio nombre en inglés viene de smooth, suave, haciendo alusión a esta textura tan peculiar, pues a pesar de ser denso, un buen smoothie está muy finamente triturado y no debe tener grumos por nada del mundo.

Para conseguir la densidad propia de estas bebidas siempre se incluye en la mezcla uno o varios ingredientes "espesantes", a saber: copos de avena, plátano, frutas congeladas, algunos tipos de semillas... La clave es conseguir un equilibrio adecuado entre estos ingredientes y los demás componentes de la mezcla.

Y como podréis deducir a estas alturas, es fundamental disponer de una batidora muy potente. Generalmente se utilizan batidoras de vaso, creo que en nuestro entorno la batidora de este estilo más popular es la Thermomix -que es la que utilizo yo-, pero existen incluso páginas dedicadas a hacer comparativas de este tipo de batidoras para facilitarle la vida a los frikis de los smoothies.

Es importante destacar que a estas bebidas se le otorgan todo tipo de propiedades y poderes místicos. Lo que Panoramix preparaba en su marmita para dotar a los irreductibles galos de su extraordinaria fuerza era, en realidad, un smoothie. No os creáis todo lo que os vendan. Sí, pueden ser magníficos por ayudarnos a incorporar frutas y verduras a nuestra dieta, pero siempre en el contexto de una dieta variada y equilibrada; y suponiendo que no se nos de por empezar a agregar azúcar a la mezcla u otros ingredientes menos saludables...

Personalmente me encantan para desayunar: se preparan en 5 minutos y me aportan hidratos de carbono, lácteos y frutas y verduras. Suelen saciar bastante, incluso teniendo en cuenta que los líquidos siempre sacian menos que los alimentos que exigen masticación.

Y además, por el lado práctico, son una forma de evitar el desperdicio de alimentos: las frutas que se vayan a estropear, se trocean y se congelan. Así las tenemos siempre listas para utilizar en un smoothie. ¿Todavía no os convencí de que son maravillosos?

Vamos al lío. Con estas cantidades salen 4 raciones generosas; podéis dividir o multiplicar para adaptar a la cantidad que necesitéis.

Ingredientes:

2 yogures
400mL de leche
300g de naranja congelada
150g de plátano congelado
60g de copos de avena
Una cucharadita de vainilla

Preparación:

Lo primero será preparar las frutas para tenerlas congeladas en el momento de la preparación: se pelan y se trocean en pedazos del tamaño de una nuez aproximadamente (cuanto más grandes sean los trozos, más le costará a la batidora triturarlos después). Se disponen los trozos de fruta sobre una bandeja cubierta con papel de hornear, teniendo la precaución de que los pedazos de fruta queden separados unos de otros. Se introduce la bandeja en el congelador hasta que veamos que se han congelado. Entonces se pueden juntar en una bolsa de congelación y conservarlos así en el congelador, pues ya no se pegarán entre sí y será fácil coger la cantidad que necesitemos de cada vez.

En el vaso de la batidora vertemos todos los ingredientes y lo trituramos hasta conseguir un batido con una textura muy fina. Generalmente se deben triturar durante un buen rato: para estas cantidades 4-5 minutos suelen ser necesarios.

Servimos inmediatamente y listo para disfrutar.

Como ya os comenté al principio de la entrada, esto es una receta muy básica sobre la que podéis realizar vuestros propios experimentos.

Espero que os guste.

lunes, 30 de enero de 2017

Cómo cocinar verduras de hoja verde

Con este frío que tenemos encima creo que todos estamos de acuerdo en que el mejor remedio es un buen cocido, que calienta el buche y reconforta el espíritu. Cocido gallego, por supuesto, con sus carnes, sus patatas, sus garbanzos y sus verduras. Entre las verduras clásicas del cocido gallego tenemos el repollo y las verduras de hoja verde; son éstas últimas las que motivan el artículo de hoy.


Me comentaba Diana de Ecoenvío que siempre tiene un buen surtido de verduras de hoja verde, pero que a muchas personas les resultaba complicado cocinarlas. Así que decidimos poner en marcha un estudio piloto sobre el cocimiento de la verdura. La pregunta inicial fue "¿podrían echarse todas las verduras en la olla a la vez?" y nos pusimos manos a la obra, cronómetro en mano, para descubrirlo.

Estudiamos los  cuatro tipos de verduras de hoja verde que ella cultiva en sus huertos ecológicos:

- Verdura lisa: de hojas grandes, ligeramente alargadas, con bordes lisos y tallos gruesos y largos.

- Col kale: de hoja más pequeña, alargada, muy rizada y tallos finos y cortos.

- Guichos de repollo: de hojas grandes, redondeadas, bordes lisos y tallos gruesos y cortos.

- Navicol: de hojas pequeñas, ligeramente rizadas y tallos finos y largos.

Como norma general, cuanto más fibrosos sean los tallos y más duras las hojas, más tiempo tardarán en cocerse. Eso probablemente a cualquiera se le puede ocurrir. Además, se pueden cocer simplemente en agua con sal, pero el resultado será mil veces mejor si se cuecen en un buen caldo que aporte sustancia a las verduras; por eso lo ideal es utilizarlas para preparar un buen cocido, aunque también se prestan para otros platos.

Todas se añaden en agua o caldo hirviendo. Si las agregásemos al agua mientras aún está fría lo único que conseguiríamos es eliminar de las verduras muchísimos nutrientes.

Para cocer la verdura lisa, se retiran primero los tallos, dejando sólo la hoja. Las hojas más grandes se pueden cortar en cuatro partes haciendo un corte en vertical y otro en horizontal. Las más pequeñas se pueden dejar tal cual. Esta verdura es la que más tarda en cocerse: aproximadamente 45 minutos. 

La col kale es una de las verduras más de moda; la encontraréis en todo blog modernoso y veréis que se le asignan propiedades casi mágicas. El kale es el nuevo aloe vera. Para cocinarlo apenas hay que eliminar el extremo del tallo un par de centrímetros y cortar las hojas más grandes por la mitad transversalmente. Tarda en cocerse unos 35 minutos.

Los guichos de repollo tardan en cocerse un poco menos que el kale: 30 minutos. Al prepararlo retiraremos el tallo casi por completo, hasta el interior de la hoja, pues es un tallo muy duro que tardaría mucho en quedar tierno y mientras tanto la hoja se pasaría. Para cocerlos, cortamos las hojas más grandes en cuartos.

El navicol es el más tierno de todos, apenas tarda 25 minutos en cocerse y quedar tierno. Para prepararlo retiramos la parte más larga del tallo y dejamos sólo la parte de las hojas, que podemos partir a la mitad en los casos más grandes.

Estos tiempos son aproximados, pues depende del tamaño exacto de cada hoja, pero os pueden servir de orientación. Por ejemplo, podríamos cocer a la vez los guichos de repollo y la col kale, pues tardan más o menos lo mismo. Si queréis cocer todo a la vez en la misma tartera, hay que empezar con la verdura lista, a los 10 minutos agregar los guichos y el kale y por último, tras 5 minutos más, agregar el navicol.

Por supuesto, si utilizáis un buen caldo para cocer las verduras, el resultado final será, además de unas verduras en su punto, un caldo de esos que levantan a un muerto, ideal para entrar en calor en invierno.

Espero que estas pautas os sean útiles.

viernes, 23 de diciembre de 2016

Pastel de Normandía de manzana, naranja y nueces

Últimamente le estoy cogiendo el gusto a hacer dulces a los que se le añaden cosas a media cocción. Véanse los Butterkuchen que ya están publicados en el blog: el de almendras y el de almendras, nueces y pasas. Y este pastel que os quiero enseñar hoy también tiene esa peculiaridad, se trata de un pastel de manzana al estilo de Normandía.


Este es un pastel denso de manzana con una deliciosa costra medio caramelizada por arriba. En este caso, yo le añadí nueces y lo aromaticé con naranja, aunque la versión tradicional no lleva ni una cosa ni la otra. Además, la versión clásica lleva manzana laminada por encima, pero después de hacer varias pruebas llegué a la conclusión de que me gusta más sin la manzana por encima. Así que incorporo toda la manzana a la mezcla y dejo la costra superior uniforme.

El sabor a naranja lo aporté con piel de naranja y el extracto de naranja que os expliqué cómo preparar en la anterior receta. Veréis que con estos dos ingredientes se consigue una masa súper aromática.

El pastel de Normandía de manzana es un pastel muy sencillo de preparar y gracias a la costra y la cantidad de fruta que lleva intercalada se mantiene jugoso durante varios días, así que es perfecto si necesitáis un dulce que resista bien el paso del tiempo. No os aseguro que los vuestros no lo fulminen antes de que podáis comprobar lo mucho que dura jugoso.

Además, para este tipo de pasteles que llevan la fruta troceada dentro de la masa, podéis aprovechar las frutas que se vayan a perder en el frutero.

La receta que os traigo hoy es una mezcla de varias que he ido probando y estudiando; pero la que inicialmente me inspiró y en la que me basé principalmente fue en la de Su, de webos fritos.

Y sin más preámbulos, vamos al lío:

Ingredientes:

2 huevos
150g de azúcar
Una pizca de sal
La piel de una naranja
1 cucharadita de extracto de naranja
60g de mantequilla
60mL de leche
200g de harina
Medio sobre de levadura química (8g aprox)
300g de manzanas (peso limpio)
100g de nueces (peso limpio)

Ingredientes para la cobertura:

80g de mantequilla
100g de azúcar
1 huevo

Preparación:

Precalentamos el horno a 180ºC.

En un recipiente batimos los huevos con el azúcar y una pizca de sal hasta conseguir que queden blanquecinos y muy esponjosos. Agregamos la piel rallada de una naranja, el extracto de naranja, la leche y la mantequilla que habremos fundido previamente. Mezclamos con suavidad.

Troceamos las nueces con un cuchillo, dejándolas en pedazos grandes. Con un poco de la harina que utilizaremos, espolvoreamos las nueces y retiramos el exceso con ayuda de un colador. Esto evitará que las nueces se vayan al fondo del pastel y permitirá que queden distribuidas uniformemente.

Tamizamos sobre la mezcla el resto de la harina y la levadura y batimos hasta homogeneizar.

Una vez peladas y descorazonadas las manzanas las troceamos en láminas. Las agregamos a la masa y las incorporamos de manera uniforme.

Vertemos la mezcla en un molde que habremos untado de mantequilla y harina ó bien cubierto con papel de hornear y repartimos la mezcla de forma uniforme. Yo utilizo un molde desmoldable de 21cm de diámetro.

Introducimos en el horno y dejamos durante 20 minutos.

Mientras tanto preparamos la cobertura: fundimos la mantequilla y le agregamos el azúcar y el huevo y batimos hasta conseguir una crema fluida y homogénea.

Pasados los 20 minutos de horneado, abrimos el horno y vertemos la mezcla de la cobertura sobre el pastel de forma uniforme y volvemos a meter en el horno. Esta operación debemos hacerla lo más rápidamente posible para evitar que la temperatura baje en exceso.

Horneamos durante otros 35 minutos hasta comprobar que al pinchar el pastel con un cuchillo, sale limpio.

Retiramos del horno y dejamos enfiar sobre una rejilla. Cuando esté templado pasamos un cuchillo por el borde del molde y retiramos el aro exterior. Dejaremos que enfríe por completo de esta forma.

Mientras está caliente es relativamente frágil, por lo que no conviene moverlo demasiado y es preferible esperar a que se enfríe por completo para transferirlo a la bandeja donde lo vayamos a servir.

Y ya tenemos nuestro pastel listo para ser degustado! Espero que lo disfrutéis.

domingo, 18 de diciembre de 2016

Extracto de naranja

Los extractos son una forma sencilla de añadir o potenciar sabores en todo tipo de recetas. Algunos son muy habituales, como es el caso del extracto de vainilla, y se pueden encontrar en cualquier supermercado. Con todo, hay que tener precaución con lo que compramos -o con lo que nos venden- pues en este tema se mezclan y confunden términos: no es lo mismo un extracto natural, que un aroma sintético.

En el caso de la vainilla, por ejemplo, existen en el mercado muchas "esencias" elaboradas a partir de vainillina sintética, es decir, un compuesto químico elaborado en el laboratorio y no extraído directamente de las vainas de vainilla. Estas cosas pasan especialmente en aquellos casos en los que el producto natural tiene un precio elevado.


Ojo, yo no estoy diciendo que las esencias sintéticas sean perjudiciales, simplemente digo que no es lo mismo. Para empezar, un extracto natural no contendrá solamente un compuesto, sino todo un abanico de sustancias que harán que el aroma sea mucho más complejo.

Otros extractos son más difíciles de encontrar, ya no por calidad o precio, sino porque el mercado está copado con ciertos aromas y salir de ahí es complicado. Por eso, una opción muy cómoda es elaborar nuestros propios extractos. De esta forma controlamos todo el proceso y, además, podemos surtirnos de un amplio arsenal de extractos.

Existen varios métodos para extraer los aromas de los productos aromáticos; métodos utilizados desde la cocina hasta la perfumería y la farmacia. Yo me centraré en uno de los más sencillos de realizar a nivel casero: la extracción con alcohol.

El alcohol tiene la capacidad de "retirar" los compuestos aromáticos de los productos que introduzcamos en él, de forma que finalmente obtenemos una mezcla alcohólica de compuestos aromáticos. Además, el alcohol actúa como conservante, permitiéndonos prolongar la vida útil de nuestros extractos.

Elaborar extractos de esta forma es muy sencillo. Lo más complicado del proceso es echarle paciencia, pues hace falta que pase el tiempo para que el alcohol haga su efecto. En este caso os voy a explicar el proceso para preparar extracto de naranja, pero podéis utilizar el mismo método para preparar extractos de otros productos.

Ingredientes:

La piel de 4 naranjas
500mL de vodka

Preparación:

Lavamos bien las naranjas y las secamos con un paño limpio. A continuación retiraremos la parte naranja de la piel, evitando coger la parte blanca, pues es amarga. Podéis hacerlo con un cuchillo muy afilado ó con un pelador de verduras, revisando que no quede nada de la parte blanca.

Ponemos esta piel de las naranjas en un frasco. Yo utilizo frascas de cristal con tapón de corcho, pero podéis utilizar cualquier envase con tapa, preferentemente de cristal.

Cubrimos las pieles de naranja con el vodka, tapamos y dejamos reposar en un lugar oscuro y fresco durante al menos 15 días. Después de ese tiempo el alcohol habrá hecho gran parte de su labor y ya tendremos el extracto listo para ser utilizado.

A partir de ese momento podemos retirar las pieles de naranja y guardar el extracto para ir utilizándolo. También podemos dejar las pieles e ir añadiendo pieles nuevas y vodka según vayamos gastándolo. Si es así, de vez en cuando retiraremos las pieles más viejas para evitar que se acumulen en exceso y puedan aportar sabores extraños a nuestro extracto.

Espero que os resulte útil.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Crema de boniatos

Estoy redescubriendo los boniatos, también conocidos como batatas. La Cenicienta en un mundo de patatas. Me gusta su sabor y su versatilidad. Se puede usar prácticamente igual que las patatas, aunque su sabor es más dulce: frito, asado, cocido, en puré... hoy lo vamos a preparar en una deliciosa crema que es puro otoño triturado.


Como todas las cremas de verduras, ésta es muy fácil de preparar. Sólo hay que tener un par de precauciones para que el resultado pase de lo común a lo extraordinario.

Lo primero, evidentemente, es la calidad de los productos: a mayor calidad del producto, mejor producto final. Esto aplica a todo tipo de recetas. Conste que las cremas, a mi gusto, son un plato que permite aprovechar aquellas verduras que empiezan a ponerse feas en la nevera. No me gusta tirar la comida.

Otro punto clave para preparar cremas impresionantes es sofreír y dorar las verduras antes de añadir el agua. Si cocemos las verduras directamente, el sabor será mucho más plano. A través de este primer sofrito conseguimos que las verduras desarrollen todo su sabor y aparezcan notas que de otra forma no conseguiríamos; hace acto de presencia el quinto sabor: Umami. Gracias, reacciones de Maillard.

Y por último, pero no menos importante, es el triturado. Una crema perfecta requiere un triturado perfecto. Necesitamos conseguir una textura sedosa y no un líquido lleno de tropezones. Para eso, lo ideal es disponer de un buen robot de cocina, con potencia suficiente como para reducir al máximo el tamaño de partícula de nuestras verduras. Si no tenemos un robot de estas características podemos utilizar una batidora ó incluso un pasapurés. En este caso, incluso podríamos pasar la crema a través de un colador para retirar cualquier resto de fibras ó trozos que hayan quedado demasiado grandes.

Las cantidades que os indico a continuación se refieren a verduras ya peladas y limpias para que las proporciones os salgan más ajustadas.

Ingredientes:

500g de boniato
250g de patata
250g de puerro
250g de cebolla
50g de aceite de oliva virgen extra
500mL de agua
250mL de nata
Sal
Pimienta

Preparación:

Pelamos, lavamos y troceamos las verduras y las ponemos en una olla con un poco de sal y el aceite. Sofreímos a fuego vivo durante 15 minutos removiendo de vez en cuando para evitar que se pegue y conseguir un dorado uniforme.

Agregamos el agua y dejamos cocer otros 15 minutos.

Entonces pasamos la mezcla al robot de cocina y lo trituramos a máxima potencia hasta conseguir una crema lo más fina posible. Yo utilizo la Thermomix y lo trituro durante 2 minutos a velocidad 10. A continuación agregamos la nata y terminamos de batir para incorporar.

Ajustamos el punto de sal y añadimos una pizca de pimienta. Ya tenemos nuestra crema lista para servir y disfrutar.

Espero que os guste!